viernes, 13 de enero de 2017

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 6: "MAGIC FLY"


Viene muy a cuento comentar esta pieza mítica después de la última entrada sobre Star Wars, ya que en ella mencionábamos el éxito de la versión "disco" del tema galactico. Resulta que aquella versión de Meco se encuadra dentro del subgénero que se conoció como space disco, y quizá el hit más representativo de la corriente fue este Magic Fly ("Mosca mágica") del grupo marsellés Space.

Space (de Ramson Note).

El space disco se caracterizó tanto por la temática espacial de la música -de baile, por supuesto- como, sobre todo, por los vestuarios extravagantes de los artistas, todo un despliegue de maquillaje de fantasía, monos plateados y pistolitas de plástico, derivado todo ello de la estética glam propia de buena parte de los '70. En el caso de Space, formación fundada por Didier Marouani, Roland Romanelli y Jannick Top, lo suyo incluía escafandras de astronautas que impedían ver el rostro de los músicos. Muchos años después, los también franceses Daft Punk (cuyo estilo podría ser una especie de "revival" del space disco) se inspirarían muy probablemente en Space para calzarse sus famosos cascos de robots.

El vídeo.

Magic Fly, single extraído del álbum del mismo título (1977, muy tardíamente publicado en CD) fue uno de esos pocos temas instrumentales que han logrado situarse como éxitos populares inmediatos, llegando en este caso al numero 2 en la lista del Reino Unido. Todavía hoy es recordado como todo un referente de su tiempo en recopilatorios tan excelentes como Cosmic Machine, comentado por aquí. La banda Space, que llegaría a publicar más de una decena de álbumes hasta casi la actualidad, ha pasado la mayor parte de su trayectoria en una constante ida y venida de integrantes y en un repetido tira y afloja judicial por el uso del nombre y el logo. No han vuelto a producir un éxito de la talla de Magic Fly.

En vivo en 2008, en plan carrozón.

Y este es genial.

viernes, 6 de enero de 2017

La miscelánea musical de Star Wars.

Como la saga de George Lucas es poco menos que inagotable en lo que se refiere a sus encarnaciones mercadotécnicas, también hay -por supuesto- todo un universo de musica inspirada directa o indirectamente, a veces de manera bastante bastarda, en la obra cumbre de John Williams. Como es imposible abarcar todo lo publicado al respecto, he elegido unos pocos álbumes muy distintos entre sí para que sirvan como muestra de lo que podemos encontrarnos. Me reservo, eso sí, las versiones puramente orquestales más populares para más adelante, digamos que para cuando hayamos comentado la B.S.O. del Episodio VIII.


Del mismo año del estreno de la Star Wars original, 1977, nos llega Star Wars and Other Galactic Funk, obra de Domenico Monardo (Meco). Este músico y productor italoamericano fue uno de aquellos entusiastas que vieron la película en el cine cuatro o cinco veces, y decidió grabar versiones en música disco de gran parte de la partitura de Williams. El tema principal, que se mezcla con la conocida melodía "Cantina Band", llegó al mismísimo número 1 de la lista Billboard en EEUU a finales de aquel año. Venga, lo ponemos y que salga el sol por donde quiera.


Meco haría posteriormente una versión disco de The Imperial March que no obtendría el mismo éxito, pero en fin, que le quiten lo bailao. Por cierto, en aquel álbum de 1977 participaría en algunos arreglos electrónicos la futura estrella de la new age Suzanne Ciani.


Tampoco debemos olvidar el inenarrable álbum navideño de Meco sobre Star Wars de 1980 Christmas in the Stars con la voz de Anthony Daniels (C3PO) y -ojo- la primera canción jamás grabada por el cantante John Bon Jovi, R2-D2 We Wish You a Merry Christmas. Enlazo, pero no inserto, por una cuestión de decoro.


El siguiente trabajo que abordaremos, mucho más de mi gusto pese a lo bizarro de la propuesta, es Empire Jazz, de 1980. El máximo responsable del proyecto fue Ron Carter, un destacadísimo músico de jazz (bajista), que además es uno de los artistas con más discos publicados en términos absolutos. Junto a un selecto ensemble, realizó una curiosa versión de los temas más destacados de El Imperio contraataca en clave de jazz sorprendentemente purista. Algunos de los temas son impagables, realmente interesantes, y pese a ello no tengo constancia de su publicación en CD.

Yoda's Theme

Han Solo and the Princess

El último álbum del que quería hablar quizá sea merecedor de una entrada completa en otra ocasión, por lo que abreviaremos diciendo que se titula Shadows of the Empire, que es obra de Joel McNeely y que formó parte de un enorme experimento de merchandising.


En 1996, a un año de el estreno de las Ediciones Especiales de la trilogía original y a dos de la llegada de La amenaza fantasma, en Lucasfilm tuvieron la interesante idea de tantear el mercado lanzando una serie de productos (videojuegos, juguetes, libro, cómic) sobre una historia de Star Wars de la que no se estrenaría película alguna. El experimento, que al parecer funcionó en lo económico, se llamó Shadows of the Empire (Sombras del Imperio) y se centró en una historia que transcurriría entre El Imperio contraataca y El retorno del Jedi, una especie de descenso al submundo del crimen organizado y los bajos fondos de la galaxia.

Main Title from Star Wars and Leia's Nightmare

McNeely, conocido en Lucasfilm y la discográfica Varèse Sarabande gracias a su trabajo en la serie Las aventuras del joven Indiana Jones, fue el encargado de componer la banda sonora de aquel filme inexistente, basándose en la trama descrita en la novela oficial. Tiene su mérito crear una música tan cinematográfica, con temas incidentales para temas de acción inclusive, sin contar con imágenes en las que apoyarse.

El diseño del libreto del CD fue obra del cartelista Drew Struzan.

Aparecen varios temas de John Williams, incluyendo la fanfarria inicial, y la interpretación corre a cargo de la Royal Scottish National Orchestra y su coro. No está muy claro si hoy en día Shadows of the Empire se considera una historia canónica o forma parte de eso que antes era "universo expandido" y ahora llaman "legends", porque en el primer caso hablaríamos de un álbum imprescindible para los fans, casi tanto como el reciente Rogue One. No está nada mal, la verdad.

Xizor's Theme

lunes, 2 de enero de 2017

Michael Giacchino - ROGUE ONE: A STAR WARS STORY


1. He's Here for Us (3:20)
2. A Long Ride Ahead (3:56)
3. Wobani Imperial Labor Camp (0:54)
4. Trust Goes Both Ways (2:45)
5. When Has Become Now (1:59)
6. Jedha Arrival (2:48)
7. Jedha City Ambush (2:19)
8. Star-Dust (3:47)
9. Confrontation on Eadu (8:05)
10. Krennic's Aspirations (4:16)
11. Rebellions Are Built on Hope (2:56)
12. Rogue One (2:04)
13. Cargo Shuttle SW-0608 (3:59)
14. Scrambling the Rebel Fleet (1:33)
15. AT-ACT Assault (2:55)
16. The Master Switch (4:02)
17. Your Father Would Be Proud (4:51)
18. Hope (1:37)
19. Jyn Erso & Hope Suite (5:51)
20. The Imperial Suite (2:29)
21. Guardians of the Whills Suite (2:52)

En un contexto general en el que se tiende a la uniformidad de los productos mainstream que salen al mercado para el consumo de masas, cada vez resulta más difícil entrever la personalidad de cualquier autor en su obra. Los directores de cine con cierta vocación de trascendencia, por ejemplo, suelen contar con colaboradores más o menos fijos que ayudan a dotar a sus películas de un toque personal identificable. Hablamos sobre todo de especialistas como el encargado de la fotografía o el guionista, y también del compositor de la música original. En este caso, debo decir que el compositor es, en mi opinión, el único creador del equipo fílmico capaz de transmitir emociones tan potentes como la propia película en su totalidad. Ni siquiera la lectura del guión se le parece, y por eso la elección de un músico adecuado para cada proyecto, o para colaborar durante toda una carrera, es tan esencial.

Gareth Edwards se ha encontrado en un gran problema al saber que el músico que quería seguir teniendo como alter ego desde su anterior Godzilla (2014), Alexandre Desplat, se caía de su ambicioso proyecto titulado Rogue One: una historia de Star Wars, la primera película canónica y sin numeración de la saga creada por George Lucas. A sólo tres meses del estreno ha tenido que tomar el relevo Michael Giacchino, alguien que, por su vinculación con J. J. Abrams (director de El despertar de la Fuerza) y por ser considerasdo una especie de "sucesor" del titán John Williams, era una elección previsible. Tan previsible que, mientras escribo esto me pregunto si la marcha de Desplat por supuestas razones de agenda no habrá sido más bien una imposición de Giacchino por parte de Disney/Lucasfilm. Por suerte, y con todo el derecho a preguntarnos qué tal lo habría hecho Desplat, Giacchino ha resuelto bien la papeleta.

Michael Giacchino (en bustle).

No veo el problema de que Williams se haya quedado al margen de Rogue One, sobre todo si pensamos que el espíritu de esta nueva película, así como los futuros spin-offs sobre Han Solo, Yoda u Obi-Wan, es el de expandir el universo Star Wars con nuevos enfoques narrativos, visuales y, por extensión, musicales. Otra cosa es que el pobre Michael Giacchino haya tenido tiempo y libertad de estilo suficientes para hacer otra cosa que no sea imitar el sonido clásico de Williams, cosa que ya ha hecho un par de veces antes, recientemente en Jurassic World. Toda la obra que nos ocupa puede analizarse alrededor del cacao mental de elementos contrapuestos que el músico ha debido ir abrazando o esquivando, a ratos lo uno y a ratos lo otro.

Una imagen del interior del estuche del CD.

Por un lado, debe decirse sin lugar a dudas que Rogue One suena como una película de Star Wars, en parte gracias a la evidente colaboración de William Ross en las orquestaciones. El colorido neo-romántico impuesto por John Williams, su forma de construir los fraseados melódicos, la forma de resolver los tejemanejes rítmicos de los temas incidentales, el equilibrio entre cuerdas y vientos... Todo es muy clasicista, totalmente fiel al sonido general de la saga. Por otro lado, Giacchino evita, en la medida de lo posible, recurrir en exceso a temas de Williams, y si lo hace es de forma anecdótica por una cuestión de puro "fan service".

The Imperial Suite

En fin, no podemos ver a Darth Vader estrangulando a alguien (Krennic's Aspirations, Hope) sin que suenen unas notas de The Imperial March, y eso que en el Episodio IV original, al que precede Rogue One, el tema no había sido compuesto aún. No obstante, había en el filme de 1977 un leitmotiv referente al Imperio que sonaba con abundancia en la película, y sin embargo Giacchino también prescinde bastante de él, componiendo en cambio una potente y estupenda marcha militar relacionada con el villano Orson Krennic que destaca como la pieza quizá más notoria durante el visionado de la película. Algunas partes de la misma, en su versión Suite, recuerdan a su monumental tema Roar! para la película Monstruoso (Cloverfield, 2008). Hablando de temas clásicos de Williams, también suenan por ahí la fanfarria rebelde (AT-ATC Assault), el tema de la Fuerza (Trust Goes Both Ways) y otra gran referencia a un personaje mayúsculo, aunque no quiero que me acusen de destripar el argumento al decir su nombre.

Este fotograma es el utilizado como imagen de contraportada.

En lo que a temas conductores-principales se refiere, Giacchino compone uno muy bello y melancólico para la protagonista Jyn Erso, otro para el guerrero ciego Chirrut Imwe, el ya mencionado sobre Krennic y sobre todo una pequeña pieza muy luminosa y optimista en referencia al título del Episodio VI, una nueva esperanza. Lo que ocurre es que el compositor es muy discreto en la utilización de estos temas en el grueso de la partitura de la película propiamente dicha, reservando sus desarrollos plenos para su disfrute en el CD de la banda sonora, en forma de tres Suites para concierto presentadas casi como bonustracks al concluir los abundantes cortes incidentales. La estrategia funciona discográficamente, pero algunas críticas negativas dirigidas a la música que escuchamos en la sala de cine se deben sin duda a estos excesivos remilgos del músico hacia usar con más visibilidad sus propios temas "estrella".

Jyn Erso & Hope Suite

Guardians of the Whills Suite

Hablábamos al principio de la identidad de los cineastas frente a la homogeneización de la industria, y lo dicho puede hacerse extensivo, para concluir, a lo que ha hecho Michael Giacchino en Rogue One. Si bien logra que la banda sonora consista en piezas suyas al 99%, en lugar del collage de referencias williamsianas que bien podría haberse aplicado aquí, también es verdad que muchos tramos del álbum suenan un tanto genéricos, sobre todo porque se incide mucho en lo incidental, en el subrayado de la acción más que en la influencia emocional de la música.

Es injusta -lo sé- la comparación con un John Williams que en sus mejores tiempos convertía cualquier temilla de transición en un clásico de referencia (El Imperio contraataca está plagado de ejemplos), pero es innegable que Michael Giacchino ha pagado el pato tanto de la altura del listón como de su propia autoexigencia como compositor con carácter propio, todo ello aglutinado con las expectativas y las presiones de productora y fandom. Demasiado bien le ha salido su música para Rogue One, teniendo en cuenta las circunstancias. Está varios escalones por debajo del Williams clásico, pero logra satisfacer tanto al espectador casual como al oyente exigente gracias a sus calculadas dosis de nostalgia y riesgo. Tiene que estar en la colección de todo buen friki galáctico, porque lo vale.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Enigma - 8: THE FALL OF A REBEL ANGEL


1. Circle Eight (feat. Nanuk) (2:18)
2. The Omega Point (5:40)
3. Diving (2:52)
4. The Die Is Cast (feat. Mark Josher) (4:17)
5. Mother (feat. Anggun) (3:38)
6. Agnus Dei (3:58)
7. Sadeness (Part II) (feat. Anggun) (3:38)
8. Lost in Nothingness (3:21)
9. Oxygen Red (feat. Anggun) (4:02)
10. Confession of the Mind (3:48)
11. Absolvo (2:02)
12. Amen (feat. Aquilo) (4:53)

En un tramo final de año bastante movidito en cuanto a lanzamientos de artistas que nos interesan, hemos tenido también nueva entrega de Enigma, aquel concepto musical que comenzó con gran éxito en los noventa y que ha sobrevivido hasta hoy pese al enorme daño que le ha hecho el mundo de la carroña musical. Con carroña me refiero a discográficas que se han aprovechado de que el mero nombre del proyecto sea de uso muy general, poco menos que imposible de blindar mediante copyright, para lanzar multitud de engendros chill out pseudoétnicos sin el menor interés que han sacado tajada. Si a esto añadimos que la etiqueta "Enigma" también se ha utilizado a lo bestia en sitios como YouTube para bautizar piezas musicales no relacionadas con el proyecto original, nos daremos cuenta de lo difícil que habrá resultado lanzar un nuevo trabajo genuino y que no pase desapercibido en este caótico cajón de sastre.

Enigma, como decíamos, es un proyecto musical más que un grupo al uso, con el productor rumano Michael Cretu como líder y coordinador, que ha publicado ya ocho álbumes de estudio en los que se experimenta con una mezcla de música electrónica, new age, música sacra y étnica, música de baile y retales pop. Su penúltimo trabajo, sin ser lo peor del mundo, sí que fue decepcionante. Pecaba de aburrido y previsible, y dejaba la sensación de haber invertido nuestro valioso tiempo en una actividad sin demasiados réditos. The Fall of a Rebel Angel ("La caída de un ángel rebelde"), como se titula el octavo álbum de Enigma, tenía todos los visos de ser todavía más rutinario, todavía más decadente. Por suerte, a mi humilde juicio no lo es.

 El ángel caído de la portada.

Hay unos cuantos elementos en The Fall que, aunque podrían parecer pura pretensión, sacan el álbum de la deriva creativa de Enigma. Cretu articula el álbum como una experiencia narrativa, esto es, como una pequeña historia por episodios escrita con ayuda del libretista Michael Kunze que va desarrollándose tema a tema. Como no es del todo sencillo entender este desarrollo, la edición completa del álbum incluye un segundo CD en inglés, francés y español que explica, como si de un audiolibro se tratase, lo que sucede en cada tema. Una edición de superlujo incluye, además, una serie de láminas en las que el pintor Wolfgang Beltracchi (que también diseña la portada del álbum) se inspira en estos episodios para hacer todavía más rica la narración. Tampoco es que la historia tras la música sea la pera limonera, ya que abunda bastante en el rollito religión-sexo-autodescubrimiento que casi siempre se asocia al espíritu musical del proyecto de Cretu. Pero la experiencia es curiosa, original, y funciona gracias sobre todo a que la música, que es lo que de verdad interesa, está a la altura.

Michael Cretu se encuentra con Beltracchi.

El primer álbum de Enigma, aquel ya lejano MCMXC a.D. (1990) funcionaba sobre todo por lo sensual de sus texturas y lo atrevido de sus atmósferas medio sacrílegas, todo ello amalgamado gracias a un trabajo de producción que para la época era el no va más. The Fall of a Rebel Angel quiere volver a aquellos primeros tiempos mediante una delicadísima labor de estudio que lo convierte en una experiencia sonora envolvente y muy poderosa. Los temas tienen cuerpo y personalidad, pese a que en la primera escucha se nos escapan muchas cosas. Recomiendo unas cuantas pasadas más antes de emitir cada cual su juicio, que en mi caso ha ido mejorando sustancialmente. Me gustan los temas cantados o recitados (estupendos Mother y Amen), me encantan los pasajes instrumentales (maravillosos Diving y Confession of the Mind) y creo que funcionan perfectamente todos los grises de esta escala entre música pura y voces con protagonismo.


Amen

Sí que le tengo que poner una pega principal a The Fall of a Rebel Angel, y es la falta de uno de esos temas con gancho que convirtieron a Enigma en sinónimo de colorido y fantasía en los noventa, esto es, algo como Return to Innocence o Gravity of Love, que aquí habría servido como punto de referencia, como piedra de toque para apoyar el notabilísimo despliegue artístico del álbum. El tema Sadeness (Part II), que funciona muy bien como eficaz centrocampista, no marca goles. Se han sustituído los míticos y ya muy trillados cantos gregorianos por una versión vanguardista de la Tocata y Fuga en re menor de J. S. Bach, y la verdad es que el tema recuerda poco o nada al single estrella de MCMXC a.D., salvo en su erotismo latente. 


Sadeness (Part II)

En el resto del álbum, ya que lo mencionamos, no se utiliza el gregoriano como elemento protagonista, quizá en algún punto como sutil elemento marginal, aunque sí que se emplean murmurantes coros mixtos que parecen llevar a cabo alguna clase de invocación maléfica. No olvidemos que el título del álbum, la portada y el título de algunos temas (incluídas las significaciones del número 8) tienen resonancias demoníacas, dantescas.

Por lo menos ha tenido buen tino Cretu al dejar a un lado al cantante Andru Donalds, que transmitía cada vez menos en sus anteriores colaboraciones, y contar con gente como Nanuk, Aquilo y sobre todo Anggun, la chica que cantaba Snow in the Sahara.

Vídeo promocional del tema Oxygen Red, con Anggun.

Que tampoco se asuste nadie con todo el asunto de la iconografía, porque el tema del ángel caído tiene más que ver con el proceso de renacimiento personal del protagonista de la narración que con ningún culto satánico, por mucho que a Michael Cretu le encante causar controversia. Lo dicho, un buen álbum que, pese al grave defecto antes mencionado, es muy digno de recomendación y de colección.


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